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lunes 9 de noviembre de 2009

Palabras, Pathos y Cátaros: (E) Odio medieval contra la Maternidad y la Familia




Publicado por JC Conde de Orgaz

Análisis crítico de una manipulación a través del Pathos

Esta es la quinta parte de una serie cuya primera parte pueden leer aquí. su segunda aquí, su tercera aquí. y su cuarta aquí.

La irrupción de los Cátaros en el siglo XII fue uno de esos momentos que puso a la civilización en peligro y que ocasionó una terrible conflagración de dimensiones continentales. Herederos del carácter violento de los petrobrusianos, que no dudaban en asesinar sacerdotes y –al mejor de los estilos del Ku Klux Klan– quemar cruces e Iglesias Cristianas, elmovimiento de carácter gnóstico de los Cátaros se hizo fuerte en el Languedoc, en el sur de lo que ahora es Francia (al parecer importado de Bulgaria, Tracia y el Oriente por algunos Cruzados).

Un movimiento Gnóstico medieval muy popular

Algunas características particulares de este movimiento cátaro nos ayudarán a explicar su rápida propagación en el siglo XII y XIII. Si bien mantenían la naturaleza elitista gnóstica, establecieron una gradación de miembros que los dividían por un lado en los “perfectos” (la élite dirigente que se exigía con rigor todo el cumplimiento de su doctrina), y por el otro los simples “creyentes” a quienes prácticamente se les dispensaba de cualquier obligación moral y a los que se les animaba a disolver sus matrimonios, sus juramentos y a sus hijos. Esta diferenciación permitió que los cátaros pudieran captarse amplias capas del pueblo occitano (los habitantes del Languedoc).

Por otro lado, el nivel de organización de la Iglesia Gnóstica Cátara (con una sólida y disciplinada jerarquía de su élite de “perfectos”) gozó del apoyo moral, financiero y militar de los poderosos nobles feudales de la región occitana. De esa manera, de la mano de la jerarquía de aristócratas medievales del Languedoc, el movimiento Cátaro paso de ser una cerrada secta extravagante a convertirse en una seria y extendida amenaza para la Iglesia Católica.

Y es que los Cátaros mantenían, radicalizándolas hasta el extremo, las características básicas gnósticas. Sostenían unaborrecimiento agudo hacia lo material, al que calificaban de “obra de Lucifer”. Para ellos el matrimonio y tener y educar amorosamente a los hijos no era sino una colaboración directa con el demonio, un trabajo de exclusiva reproducción materialy por ello condenaban el matrimonio y lo calificaban de grave pecado. De hecho, los comportamientos sexuales al margen del matrimonio (como los actos homosexuales) al no tener como propósito, según ellos, la “multiplicación diabólica de los cuerpos-materiales” no sólo carecían de gravedad sino que eran comportamientos alentados.

Homosexualidad ritual, suicidio y odio al cuerpo humano

Es en este contexto que se explica la propagación de la homosexualidad activa entre los cátaros, a lo que unían una visión apocalíptica bastante curiosa. Basados en la metempsicosis platónica creían que los espíritus, las almas, reencarnaban castigadas a los cuerpos (como a una cárcel diabólica), una y otra vez, en un “eterno retorno” y que la única manera de evitar este “maléfico” regreso constante era que ya no hubiese cuerpos materiales en donde las almas se reencarnaran, es decir, la solución era la extinción completa de la humanidad ayudados incluso de la promoción del suicidio ritual entre los miembros de su secta.

Con la aniquilación de los “cuerpos materiales” los Cátaros creían se iba a lograr su propósito apocalíptico-místico de ponerle fin a la reencarnación de las “almas exiladas” y conseguir así su definitivo encuentro con el Creador del espíritu en una especie de Nirvana oriental.

Extraña y curiosa doctrina que, cómo va a ser de otro modo, nos llena de incredulidad. Analizada desde nuestra época nos parecerán cuentos chinos absolutamente inverosímiles. Pero un mínimo de lectura seria sobre la época nos pondrán en autos y colocarán nuestros pies sobre la tierra. Los Cátaros y su revolución violenta dualista contraria al matrimonio, a la vida y a la reproducción de las personas, promoviendo la sodomía sobre todo entre su élite de “perfectos”, fue un movimiento real, muy real.

Y muy peligroso.

Apoyo de los poderosos y debilidad de sus adversarios

Los Cátaros unían a su repudio por el matrimonio heterosexual el rechazo rotundo de los juramentos, argumentando que los juramentos eran vínculos materiales que ataban al “espíritu-bueno” al “mundo pecaminoso de la materia”. Recordemos que eran precisamente los juramentos la base contractual que sostenía a toda la sociedad medieval, a todo el delicado y complejo entramado político y económico de la civilización de esa época. No sin razón fueron percibidos como una vigorosa, violenta y creciente amenaza a la cultura y a la civilización. Y como tal fue combatida por la sociedad medieval.

A los refinados señores feudales Occitanos les pareció atractivo eso de considerar los juramentos como algo que los unía a la materia y por ende malos. De esa manera podían estos aristócratas sofisticados liberarse –bendecidos por la élite Cátara– de enojosas responsabilidades políticas, económicas o matrimoniales adquiridas con anterioridad. Así, el apoyo que la nobleza Occitana dio a los Cátaros fue, al parecer amplio y profundo

La Iglesia Católica en esa época estaba recién empezando a salir de un profunda crisis moral, gracias a los movimientos reformadores de los monasterios de Cluny, pero esa reforma –que se desarrollaba lentamente en toda la Cristiandad– en el Languedoc era muy débil: casi completamente ausente. Es otro factor importante al momento de considerar la rápida expansión de la religión Cátara y sus disolventes creencias. De hecho la Iglesia Católica reaccionó tarde y lentamente al principio, al ritmo de más de cuatro concilios eclesiásticos regionales, hasta que en 1208, con ocasión del asesinato del representante del Papa, el monje cistercience Pedro de Castelnau, la Guerra estalló.

La Guerra, que duró casi medio siglo, y a la que se le llama “Cruzada Albigense” fue violentísima y particularmente cruel, como suele corresponder a las conflagraciones humanas que explotan al calor de la desesperación. Un relato pormenorizado de la Cruzada Albigense excede el objeto de éste artículo, por su complejidad y su extensión en el tiempo, pero me reservo la posibilidad de escribir sobre ella una vez tenga el tiempo y la oportunidad.

Dos Órdenes religiosas revolucionarias

Lo cierto es que la amenaza cátara fue exterminada al final de la guerra con ayuda de la recién estrenada Inquisición. Sin embargo el nacimiento y auge de este movimiento herético sirvió como revulsivo para que la Iglesia Católica apresurara su proceso de reforma. Éste proceso renovador estuvo a cargo de las dos Órdenes Mendicantes que se fundaron para esos efectos: La Orden Franciscana y la Orden de Predicadores (mejor conocidos como Dominicos).

Los Dominicos son una Orden Mendicante fundada por Santo Domingo de Guzmán con el expreso propósito de combatir en el Languedoc a la herejía Cátara. Con esa finalidad fundacional, los dominicos se transformaron en profundos estudiosos de la teología para poder argumentar contra sus adversarios cátaros y persuadirlos de regresar al seno de la Iglesia.

En ese contexto histórico, cuando la guerra empezaba a amainar, es que se escribió el primer tratado elaborado por un Dominico: la Summa Poenitentiarum que escribió Pablo de Hungría alrededor de 1220.

Me disculparán entonces que haya hecho este largo recorrido histórico y conceptual pero era necesario para entender al personaje y a la obra de la que en el artículo de Sam se abusa descontextualizándolas. Establecidos estos elementos históricos que nos brindan un contexto amplio sobre las citas descontextualizadas del artículo que estamos analizando desde un punto de vista crítico, hablaremos en la siguiente y última parte, sobre las conclusiones finales.

Continuará...