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miércoles 4 de noviembre de 2009

Filosofía de la Naturaleza Humana (III): Metazoa




Publicado por JC Conde de Orgaz

Esta es la tercera parte de una serie cuya primera parte pueden leer aquí y su segunda aquí.

Los humanos modernos nos desenvolvemos como peces en el agua en el mundo de la ficción, de los sentimientos y de las emociones pues en ese ambiente no hay necesidad de preguntarse ¿Por qué? Por ello se revive ahora esa repugnancia a lo más natural que tiene el hombre: su vida y su reproducción. Pero no es extraño: ya lo adelantaba en su obra de ficción Aldous Huxley, “A Brave New World”, cuando pintaba magníficamente con palabras a los Alfas y a losBetas horrorizándose con asco ante la sola idea de una mujjer embarazada.

Y digo que no es extraño precisamente porque no nos agrada mucho poner los pies en la realidad y razonar sobre las verdades básícas del ser humano (y por ende reflexionar sobre sus obligaciones, nuestras obligaciones). Claro, reflexionar no es divertido como leer o garrapatear poesía, es una tarea seria y para algunos ardua que exige un mínimo de rigor, método y predisposición a la contradicción o a las preguntas que exigen respuestas. Y disposición humilde a aceptar que probablemente nos hemos equivocado.

Por eso en mi artículo anterior no dije sólo: “el humano es un ser vivo” (que puede parecer una verdad de perogrullo) como algún impaciente puede haber sugerido que se resumiera; sino que intenté explicar el por qué de dicha aseveración, deteniéndome en algunas de sus implicaciones inmediatas y dejando en claro el sustrato gnoseológico que la hacía posible.

Dicho esto, y siempre asumiendo la posibilidad de equivocarme o de poder ser aún más claro, continuemos...

Provisionalidad del conocimiento y provisionalidad del ser

Acertamos plenamente (y sin necesidad de microscopios electrónicos ni experimentos en laboratorios) cuando decimos –en el artículo anterior lo platicábamos con un poco de detenimiento– que los humanos (nosotros incluidos) somos seres vivos. De ello se colige, sin lugar a duda alguna, que eventualmente moriremos y dejaremos de ser vivos.

Por eso no hay que olvidar dos cosas:

  1. que no es inteligente confundir la provisionalidad de algunos seres de la realidad (que es un conocimiento constatable, real y no-provisorio, como el hecho indudable de nuestra eventual muerte) con la adecuación (que puede ser estable) de nuestros conceptos con esa realidad provisoria; y

  2. La provisionalidad de la realidad misma es (valga la aparente redundancia) variable: hay realidades más provisionales y fugaces que otras, y detrás de toda provisionalidad hay sustratos más o menos estables que permanecen. Por ejemplo: la Luna sólo posee una posición en el espacio de modo provisional y efímera, se mueve constantemente. Pero tras ese movimiento constante, bajo ese flujo de provisionalidad siempre está la misma Luna en su sustancia lo suficientemente estable como para que noche tras noche podamos decir “Allí está la Luna (la misma luna de ayer). O sea: la provisionalidad, el flujo y el cambio no son absolutos. Podemos tener conocimientos estables y definitivos en medio del flujo constante y variado de algunas realidades

¿Que tipo de ser vivo es el humano y por qué?

Pero Sam acierta en parte cuando dijo que “...el conocimiento de la realidad es el resultado de una reflexión constante [que va alumbrando] de manera más precisa los objetos de su atención...”. Eso es verdad (verdad cierta, universal y perenne). Por eso el que sean seres vivos no es lo único que podemos afirmar sin dudar de los humanos: podemos abstraer conceptos más precisos de sus individualidades. Esos conceptos nos distinguirán a los humanos de otros seres vivos.

No necesitamos (al menos a los que no nos estorba el sentido común) estar en el Sanctasantórum de la Facultad de Biología de la Universidad Johns Hopkins para saber con plena certeza y verdad que los humanos están más que bien capacitados para vivir en el aire, así que sabemos con certeza y verdad que no somos protistas (algas y similares). Tampoco necesitamos ser Ph.D. en Biología para aprehender que los humanos no se reproducen de modo asexuado por lo que sabemos con certeza y verdad que no somos hongos.

Por otro lado, la observación –sí: la simple observación directa, atenta y recta– nos descubre que los seres humanos se mueven (se trasladan de lugar), se nutren por ingestión, se reproducen sexualmente y poseen una disposición bastante simétrica de sus cuerpos físicos. Las observaciones anteriores, abstrayéndolas de otras características más individualizadoras, nos conducen a entender –a la perfección– que los seres humanos pertenecen al Reino Animal,Animalia o Metazoa (aunque algunos delicados nos ofendamos) y no al Vegetal. Somos seres vivos animales, y no plantas, ni hongos, ni bacterias, ni protistas... Y eso no es provisorio, es el resultado definitivo de un conocimiento, limitado y perfectible, pero real. Somos definitivamente seres vivos del reino animal, punto.

...y seguido:

La ciencia confirma al sentido común: es posible saber con certeza y verdad

Los conocimientos (como el conocimiento de que el ser humano es un animal) pueden ser verdaderos y ciertos, pero eso no quiere decir que sean perfectos e inmejorables. Ya dije –con Sam– que el conocimiento es resultado de una reflexión constante que permite profundizar y, de ser necesario, corregir nuestra percepciones y conceptos primeros. Ya –ahora sí– con la ciencia y sus métodos e instrumentos podemos seguir sabiendo más cosas de los humanos que a la larga confirman y enriquecen el hecho indiscutible que somos del reino animal (Animalia o Metazoa).

Ya con un buen microscopio y un par de experimentos resultará obvio que los humanos no somos organismos unicelulares lo cual nos distingue definitivamente (no provisoriamente) de las arqueas y bacterias, lo que nos coloca con propiedad en el dominio Eukaryota al que pertenecen los protistas, los hongos, las plantas y los animales.

Ya la ciencia nos seguirá confirmando tales extremos al revelarnos que los humanos tenemos un metabolismo aerobio. Que poseemos colágeno como proteína estructural. Que consumimos oxígeno y que estamos dotados de tejidos celulares muy diferenciados y especializados que incluyen músculos, que pueden contraerse para controlar el movimiento, y un sistema nervioso, que envía y procesa señales. La ciencia nos dirá también que somos eumetazoos, es decir que poseemos una sistema digestivo con dos orificios exteriores, etc...

Desde nuestro artículo anterior, en el que concluimos observando y razonando que el humano es un ser vivo, hemos avanzado. Haciendo deducciones, y apoyándonos en hallazgos de la ciencia, hemos afinado nuestro conocimiento primero del humano; hoy –en este artículo– sabemos ya con certeza y verdad que somos un ser vivo más específico: somos animales. No sólo lo sabemos, sino sabemos por qué.

Pero ¿Es que acaso sólo somos animales?... ¿Qué tipo de animal es el humano y por qué? Seguiremos en esta exploración racional en el próximo artículo.

Continuará...