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viernes 10 de julio de 2009

El diablo en El Salvador, situación actual y perspectivas



Publicado por Juan Ruiz el 21 de junio de 2007

Si no le gusta el capitalismo, pues para el mediano plazo tendrá que resignarse a vivir en él. Decía un amigo mío un tanto cínico: “el capitalismo no es una opción, es una obligación”.

Las diferentes expresiones de la izquierda en El Salvador parece que han aceptado la tesis de la democracia representativa. No hay escenarios que presenten una alternativa al capitalismo en El Salvador de hoy.

Durante los años ochenta, los años de la guerra civil salvadoreña, existía una plataforma que ofrecía el socialismo como alternativa global al capitalismo. Hoy en día esa

alternativa –de tenertodavía alguna entidad– está más bien atomizada y sumamente nebulosa.
Una aclaración importante podría ser que el sistema y el modelo capitalista tienen grados de realidad diferentes. En un mismo sistema caben diferentes modelos. Luego de la Segunda Guerra Mundial podríamos hablar de un modelo anglosajón liberal ligado al pensamiento económico clásico; modelo de Sociedad de Bienestar intervencionista ligado al pensamiento social demócrata y Keynesiano; y el modelo conservador de la Economía Social de Mercado ligado a la tradición ordoliberal alemana de la Escuela de Friburgo.


En América Latina podríamos hablar que se han caracterizado el modelo agro exportador tradicional en la primera mitad del siglo XX, el modelo de desarrollo hacia adentro o de sustitución de importaciones y el modelo neo liberal. Todos estos modelos dentro del sistema capitalista. Si observáramos con detenimiento los países africanos y asiáticos seguramente encontraríamos modelos con sus particularidades específicas.

A mi limitado parecer, en Europa se produjo un consentimiento básico social demócrata, demócrata cristiano y conservador que terminó edificando el modelo del Welfare State y que fue la tabla de salvación del capitalismo. En ciudades como Berlín o Helsinki la alternativa estaba literalmente al otro lado de la calle o de las montañas vecinas. Los empresarios aceptaron altos impuestos, restricciones e intervenciones en el “libre” mercado en defensa del interés público, medidas para evitar monopolios y carteles y el costo de gobiernos que buscaban garantizar a los ciudadanos el “bienestar para todos”. Los consorcios empresariales terminaron haciendo buenos negocios trabajando bajo gobiernos intervencionistas y supieron sacar ventajas lidiando con un sindicalismo incisivo.


En El Salvador hemos tenido el predominio de un modelo “neo liberal” en lo económico. Hablo de predominio porque tiene rasgos de mercantilismo como dirían algunos. El gobierno salvadoreño ha favorecido la aguda concentración de bienes e ingresos en unos pocos grandes grupos económicos, empresarios con intereses regionales que son los ganadores de la globalización. Por una relación mercantilista vía corrupción, ganar licitaciones de manera privilegiada, evasión fiscal, leyes a la medida y hasta subsidios durante los últimos años, se fortaleció el patrimonio de quienes casi han llegado a constituir una nueva oligarquía.

Nos inscribimos en el sistema capitalista y hemos adoptado las formalidades de la democracia representativa en lo político. Sé que algunos hablan que el “neo liberalismo” es el diablo; pero no es el único diablo que hay, esta deformación mercantilista es un diablo todavía peor y poco señalado por los críticos al modelo.

En América Latina una serie de triunfos de fuerzas políticas críticas hacia el modelo económico neo liberal han provocado su debilitamiento internacional. Los años transcurridos desde que se formularon las directrices del Consenso de Washington no han pasado en vano. Veremos transformaciones en el modelo económico neoliberal.


Se está construyendo una alternativa al neo liberalismo. La democracia debe abarcar ya no sólo lo político, se demanda democracia integral que comprenda lo social, económico y cultural. Plataformas que demandan sacar a los pobres y marginados de sus condiciones. Realizar inversión social, mejorar radicalmente la educación y propiciar en nuestras sociedades una revolución científica y tecnológica. Crear un entorno favorable a las pequeñas, medianas y grandes empresas que han estado hasta ahora subordinadas. Hacer de la eliminación de la extrema pobreza un objetivo nacional. Que los electores sean la gente y no el dinero a través de los grupos de presión. La real posibilidad de modificar sustancialmente el modelo y continuar en una economía de mercado libre basada en la competencia.

Hacer esta transformación viviendo en el capitalismo es el reto de los políticos de la izquierda en El Salvador.

FIN

COMENTARIOS DE AQUELLA ÉPOCA

Alberto dijo

Friday, June 22, 2007 - 09:16 AM

  1. Tal vez una apreciación que valdría la pena tomar en cuenta, es que nuestro modelo económico, ridículamente, también se basa en las divisas que entran desde el extranjero, gracias a todas las personas que envían dinero a sus familias en el país.

  2. Ese tipo de control económico se vuelve verdaderamente peligroso si tomamos en cuenta que, por un lado, hay muchas familias enteras que dejan de trabajar, porque se dedican a vivir de los que los familiares en el extranjero les envían; por otro lado, nos reducimos a la constante espera del dinero, cosa que hace que la sociedad, medido su avance en términos de producción, sea una sociedad totalmente aletargada y tirada al ocio gracias a las divisas que vienen siempre del extranjero.

  3. ¿Cómo le llamarías a este particular modelo económico?

  4. Esa podría ser una pregunta como para tesis, jaja


JC dijo:

Friday, June 22, 2007 - 09:16 AM

  1. @Alberto:

  2. Muy buen punto. Sin duda lo de las remesas merece capítulo aparte. No estoy seguro de

  3. compartir el criterio que expones sobre la "peligrosidad" de tal fenómeno. No soy economista ni mucho menos, pero desde la perspectiva de un simple aficionado a estos temas, me atrevería a pensar que es necesario desmitificar y des-satanizar lo de las remesas.

  4. Carlos Abrego escribió un post muy original sobre ese punto que me puso a pensar tanto que no lo he terminado de digerir, tal vez ya lo has leído.